miércoles, 2 de enero de 2013

0 Tengan ustedes un pésimo 2013


Pero qué vamos hacer, claro que nos deseamos feliz año nuevo aunque sepamos perfectamente que no va a serlo porque para empezar ya lo ha dicho Angela Merkel, y no hay mucho más que hablar. Este 2013 que los viñetistas pintan por tópica inercia en tiernos pañales nace en realidad viejo, pellejudo y desdentado porque marcará el légamo de la profundidad a que caeremos, pero estas cosas no se recuerdan en las galas del relojito de Sol, náusea mecánica de los mil reportajes, y por eso uno se toma las uvas con pausa, murmurando una máxima senequista en latín por cada uva, y últimamente acaba dejando intacta la mitad del estomagante racimo para abalanzarse sobre el whisky.
Pero nada cabrea más al español que el aguafiestas, la vigilia de la conciencia individual en la noche colectiva de la inconsciencia, así que bebimos y beberemos y nos seguimos felicitando el año nuevo a despecho de la pulsión noventayochista que se ha apoderado de nosotros y nos roe el alma de español cansado, otro más.
Al edicto emitido por el Ministerio de la Felicidad se adjunta el anexo de los buenos propósitos que tanta papeleta salva a los monologuistas ratoneros. Ir al gimnasio, suspender el adulterio, pagar el IVA, renunciar al acoso sexual en el trabajo y otros hermosos proyectos. Pero esta no es la actitud. Yo creo, tal y como están las cosas, que el ramonchismo nochevejero debió abrirse de capa para recitar frente a la cámara el poema de Celaya e informarnos de que ya nada se espera personalmente exaltante. Y de esta manera, descargando el año de futuro lo encara uno con el ánimo ligero de los hijos de la mar, que saben que al cabo no está en su mano la supervivencia ni la buena pesca, aunque harán lo que puedan.
Hagan oídos sordos a cortesías formularias que encarecen el precio de su esperanza: partir de la imagen de un pulso que golpea las tinieblas facilita mucho el cabotaje de este 2013, a mi juicio, porque tanta oscuridad es fácil que la ilumine la chispa de un amor o bien de un encargo remunerado, no digamos ya el fogonazo boreal de la Décima. Eso hacen las gentes de teatro, cínicas a fuerza de experiencia, desearse mucha mierda antes de salir a escena, porque cuando mierda es todo lo que se espera de uno, resulta más sencillo superar las expectativas.
Y ahora sí, queridos lectores, sostén de mi vacilante llama. Ilusiónense con el año que comienza, virgen de decepciones, municionen sus armas de rabia vitalista y salgan por ahí a matar zombis o chivos expiatorios que paguen por esta crisis, que no se hizo España para quedarse quietos y que en el fondo aquí no somos malos, aunque no nos faltarían motivos para serlo. Feliz 13 a todos.
Jorge Bustos/ La Gaceta

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