jueves, 29 de noviembre de 2012

0 Entrevista de Javier Bilbao a Fernando Sánchez Dragó (III)




Hablando de Japón, hay ciertas tradiciones que supongo que usted conocerá y no sé si habrá practicado, como el Nyotaimori o body sushi.
El mundo actual está hecho de ocurrencias, ingeniosidades. No sé si has leído cómo en China han dictado una ley por la cual en un retrete público solo puede haber dos moscas, más de dos es delito. Pues Japón está lleno de estupideces como esa, pero eso del body sushi y las muñecas hinchables es mínimo, es lo que se recibe en el mundo occidental del Japón. Hacen un documental o un reportaje sobre ese país y siempre salen estas cosas. Yo voy allí y no las veo, y he vivido casi 10 años de mi vida en Japón.  Por supuesto que existe, no digo lo contrario, pero por ejemplo nunca he visto uno de esos hoteles en los que las habitaciones son cápsulas. Son aspectos mínimos pero muy llamativos que definen a los ojos de los no japoneses esa sociedad, una de las más falsificadas por los periodistas que he visto.
Body sushi… nunca he practicado tal cosa, evidentemente si me colocas aquí a una hermosa chavala japonesa… a mí la comida que más me gusta es el sushi y las chicas japonesas me gustan con delirio. Así que me la pones delante con sushi o sashimi encima, yo encantado me lo como. Pero no me puedo tomar en serio estas cosas, que también se han hecho en el mundo occidental, con chocolate o poniendo crema en el sexo a una mujer o ella a ti en tu pene y luego te lo chupa.
¿Y el shibari, que consiste en atar a una mujer con cuerdas?
Pero eso también se ha hecho toda la vida, es el sadomasoquismo. Al fin y al cabo si miras las posturas delKamasutra, la mayor parte son irrealizables a menos que tengas un entrenador personal que te esté colocando una pierna de determinada manera o estés maniatado y colgado con poleas del techo. El mundo actual ha perdido el sentido común, yo todos los años hago un viaje con mis hijos y mis nietos, un viaje sagrado en el que a lo mejor un año vamos a la India, otro a Nepal, a Senegal, a Tanzania… Este año hemos hecho un viaje más corto, a Italia, concretamente a Cerdeña, Sicilia y Nápoles. Cerdeña es una isla curiosísima, es una especie de viaje a la prehistoria, la prehistoria está viva allí como en ninguna otra parte del mundo. Y en lo que es la Toscana, el Toledo, el corazón que es Nuovo, que está allí enclavado en las montañas que es donde se produjo este famoso fenómeno del bandolerismo sardo que duró hasta hace muy pocas décadas. Pues allí hubo algo que me llamó mucho la atención y sobre lo que quiero escribir algo. A comienzos del siglo XIX habían llegado los Saboya, la dominación española se había ido y representaban entonces la modernidad, tomaron una serie de medidas que a los campesinos sardos les parecieron disparatadas, entre otras cosas porque les expropiaron muchas tierras. Entonces se produjo un fenómeno curiosísimo de anarquismo conservador, de anarquismo reaccionario por así decirlo, como lo soy yo mismo, Escohotado o Boadella, y ese movimiento, que llegó a ser poderosísimo y puso en jaque a las autoridades, tenía un grito de guerra que es como se llegó a conocer el movimiento, “volvamos atrás”. Yo si tuviera que proponer ahora un manifiesto sería ese. Volvamos atrás, recuperemos el sentido común, recuperemos las viejas palabras, los viejos valores, las viejas costumbres.

¿Regresar atrás hasta cuando?
Todos hemos pensado alguna vez en qué momento de la historia nos hubiera gustado nacer. Yo lo he pensado en infinidad de ocasiones desde que era joven, y desde luego el momento de la historia en que más me disgusta nacer es precisamente el que he nacido. Cualquier momento anterior me hubiera gustado más. Por eso si me dices a mí —y no lo puedo proponer para los demás— que aparece aquí Mefistófeles y me dice aprieta botón y vuelves a nacer en el momento de la historia universal que prefieras: siglo VI antes de Cristo. Es el siglo de Buda, de Confucio, de Lao-Tsé, de Zaratustra, de los movimientos órficos, de Pitágoras, los presocráticos… Ese es el mejor momento de la historia universal. Todo lo que sabemos se dijo en ese siglo y desde entonces el mundo está en continua decadencia.

Respecto a estas épocas anteriores el consumo de drogas parece haberse centrado en el aspecto lúdico, se ha perdido la parte de ritual, de experiencia espiritual.
Eso es gravísimo, el hombre se ha drogado siempre y siempre se drogará. Hasta los animales se drogan; los monos, los elefantes de Namibia cuando toman bayas fermentadas del suelo: Hubo hace años una película deliciosa con esto. Drogarse está en la condición humana. Cuando follamos nos estamos drogando, el laboratorio interior está produciendo una serie de hormonas, de sustancias químicas como la oxitocina. Entonces la droga ha sido siempre un instrumento de éxtasis, para caer en trance, para encontrar respuestas o aproximaciones a las respuestas de las grandes preguntas como quiénes somos, a donde vamos, de donde venimos…etc. Y ahora en el mundo moderno, con la frivolidad que lo caracteriza, primero todas las drogas se meten al mismo cajón y pasan a ser estupefacientes. Y no tienen nada que ver las drogas llamadas alucinógenas con los opiáceos, las anfetaminas… son todas completamente diferentes y de efectos totalmente distintos. El siglo del que antes hablaba era el siglo de Eleusis, que va desde el siglo VII ac. hasta que monjes nestolianos fanáticos del siglo IV después de Cristo reducen a cenizas el viejo santuario iniciático de Eleusis. Todos los grandes espíritus del paganismo, artistas, políticos, todos ellos habían ido a iniciarse en los Misterios Mayores de Eleusis, porque como en todos los ritos sagrados había Mayores y Menores, algo que heredó el cristianismo, pero este quitó el principio activo de los ritos Mayores, que consistían en la ingesta de esa misteriosa sustancia, el kykeon, que llevaba a un estado de trance. El uso de tales sustancias es lo más importante que yo he hecho en la vida. Lo que más me ha enseñado en la vida han sido las ingestas de LSD, mescalina, peyote, ayahuasca…

Jot Down Spain

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