lunes, 28 de enero de 2013

0 Estaban empalmados


No deja de ser relevante que la primera constancia documental de unempalme en la monarquía española haya sido por negocios y no por sexo; a veces el detector de intereses salta donde menos se le espera. Uno firma verdaderamente empalmado un correo caliente, pero suponíamos lo caliente en un terreno más prosaico que el del chanchullo. Toda la vida especulando con la fogosidad de nuestros nobles y al final de tanto enumerar amantes nadie reparó en el primer sospechoso. ¡No era el Hola, era el Expansión, estúpidos!
La reacción de la Casa Real ha sido fulminante: Urdangarin ya no está en la web. El otro día cruzaba yo la Plaza Mayor y Jorge Bustos me instruía: "Aquí se quemaban brujas". Dentro de tres siglos un historiador desempolvará la web de la Casa Real y comentará: "De aquí desaparecían yernos". A Urdangarin lo han destituido con el ratón, y ha sido el propio Rey, como el Papa al enviar su primer tuit, el que clicó. "Hasta aquí hemos llegado, a éste me lo bajo yo de la web".
-Clique, Majestad. En Delete.
-¿Y será como si nunca hubiese existido?
-Desde luego, Señor.
-Qué invento, internet.
"A veces la gente se coloca ganando dinero", concluyó un estudio que decía que las imágenes cerebrales de los toxicómanos a punto de meterse un pico son iguales a las de un agente de bolsa cerrando una operación. Se ha hecho demasiado hincapié en el Apalabrados que se marcó el duque con su título sin cotejar antes su verosimilitud. Yo también me quedé ahí hasta que en el bar le enseñé el periódico al tertuliano que siempre brama de la corrupción. "¡Estaban empalmados!", saltó con la portada a enseñarla por las mesas como si vendiese mecheros.
Entonces caí en la cuenta: efectivamente, iban empalmados perdidos. Desde el duque hasta el tesorero, pasando por el desfile de monstruos que salieron de las cajas con los bolsillos llenos. No era el dinero, que ya estaba en Suiza: lo que les abultaba era lo suyo. Se delataban a sí mismos y ni un policía fue demasiado hombre como para mirarles fijamente el paquete y tomarles las medidas. "Oiga, mire, estamos solos; o usted es maricón o está robando, y yo tengo 64 años".
Que cada uno aguante su vela, zanjó Cospedal. ¡Y el duque llevaba años con el mástil listo pensando que se iban de regatas! Velas de las otras, Urdangarin, que con toda la cera que va salir en carretilla del museo se podrán organizar procesiones y aún sobrará para unos juzgados nuevos.
Manuel Jabois / El Mundo

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