jueves, 31 de enero de 2013

0 Sasa Curcic: el Dennis Rodman serbio (III)


Pero él ya había pasado página. En su presentación por el Crystal Palace proclamó “me siento como nuevo, seré vuestro Cantoná”. Estaba a las órdenes de un ex entrenador del FC Barcelona y escritor de novela negra, el granTerry Venables. Y también estaba henchido de orgullo: “No me siento culpable de mi trayectoria en el Aston Villa, todos los errores fueron del club, no míos”. Lo cierto, y es curioso, es que años después Curcic tuvo una conversación con Mark Draper en la que el autor de la frase “me gustaría jugar en un equipo italiano, como el Barcelona”, le confesó que había estado charlando con Beckham, Giggs y Roy Keane y le dijeron “si no habéis podido con nosotros es porque no habéis aprovechado ni un poquito el potencial que teníais con Sasa Curcic”.
El problema es que Londres no era el lugar más indicado para que Sasa sacase ahora ese potencial. Ya había tenido allí un apartamento de lujo alquilado, era vecino de Michael Caine nada menos, y conocía lo más canalla de la ciudad. Estuvo saliendo cada día de marcha con Robbie Williams y Jamiroquai. Presumía de “encajar en todo tipo de compañías”, “conocer a un montón de gente” y “cambiar de chica cada día”. Pues ahora estaba de vuelta, in situ.
Lo cierto es que la cosa no empezó mal. No estaba para noventa minutos, pero sí que servía de revulsivo a Venables, que lo utilizaba para inyectarle energía al equipo. Pero había cierto problemilla relacionado con eso, con la energía. Como se había operado la nariz antes del verano, pasó un tiempo sin tocar la cocaína. Gracias a esa abstinencia, logró pasar el examen médico del Crystal Palace y disimular durante un tiempo, hacer como que era un deportista hasta que vio que lo de no poder enchufarse por la nariz tenía solución: ¡las pastillas de éxtasis!
En una ocasión se encontró con un hincha del Palace en una discoteca. Tenía los ojos brillantes del ciego que llevaba, pero el hooligan no se lo reprochó. Al contrario, se interesó por su vida, le dijo que no sabía que los futbolistas se ponían tanto. Curcic estuvo hablando con él unas horas y se quedó encantado. Con una afición así da gusto, dijo en sus memorias, “en el Palace me quisieron siempre y eso que no jugué ni la mitad que en el Aston Villa”. A Terry Venables, sin embargo, se le acabó la paciencia muy pronto y le puso a entrenar con los juveniles. ¿Qué recuerdo guarda Sasa de la sanción? Pues que le pareció una vergüenza, un escándalo, porque: “yo no puedo ser peor influencia para los chicos jóvenes”.
Hacía ya mucho tiempo que él iba a lo suyo. “Fuera del campo, el fútbol no era mi mundo, era futbolista pero nunca pensé como un futbolista. Yo no hablaba de fútbol ni salía con muchos compañeros, tenía otro tipo de amigos (…) Mi estilismo siempre fue muy reconocido, estaba al tanto de todas las gilipolleces modernas. Estuve siempre en los círculos de la moda, me relacioné con la agencia de modelos Select y con las dueñas, que son tres hermanas indias con las que tuve una amistad muy estrecha y, gracias a ello, luego abrimos franquicias en Belgrado. También ayudé a llevar la MTV al Este de Europa”.
En la Sky TV hizo una aparición explicando cómo había que tratar a una mujer. “Ir siempre bien vestido, llevar pendiente”, dijo, “oler cool, les chifla eso”, siguió, “cuando veas una chica guapa, esperas tu oportunidad, le pides una copa, le besas la mano y te presentas, entonces demuestras cómo bailas y dices algo romántico”, mientras, Sasa ejecutaba ante las cámaras los pasos de baile de su cosecha más sexys e infalibles. Esto no había forma de conciliarlo con el deporte profesional.
Y Sasa lo tenía bastante claro desde el primer momento: “A Terry Venables sabía ponerle furioso a propósito para que me dejase fuera del equipo, así no jugaba y podía seguir yéndome de fiesta”. Ya era un exfutbolista: “En el 98 sentía que mi carrera y mis ganas de fútbol se estaban apagando, me levantaba por la mañana y lo primero que me venía a la mente era que no quería ir a entrenar”. Entonces, de pronto, estalló una estafa piramidal en Albania.
Miles de albaneses perdieron sus ahorros, salieron a la calle, el país cayó en la anarquía, se asaltaron los cuarteles del ejército, en algunos casos los militares dejaron que las masas entraran en sus instalaciones para usarlo como excusa y poder así vender las armas que custodiaban. Todo esto derivó en que los albaneses de la vecina región serbia de Kosovo, que vivían bajo una represión intolerable, pudieran crear una guerrilla, la UCK, que comenzó a perpetrar atentados armada como un ejército regular. Hubo una escalada de violencia y el presidente de la última Yugoslavia, Slobodan Milosevic, se convirtió en el nuevo supervillano internacional. La OTAN y su secretario general, Javier Solana, los Estados Unidos de Clinton y Albright, la Inglaterra de Blair, la España de Aznar, la mayoría de países montaron la Conferencia de Rambouillet para supuestamente llegar a una solución pacífica. En la reunión se le pusieron unas condiciones a Yugoslavia, prácticamente la pérdida de su soberanía, que era imposible que nadie pudiese aceptar. Milosevic —no hubiera podido ni volver a su casa— no lo hizo. Con un país arruinado, en un régimen despótico con las mafias campando por sus respetos, el presidente ahora le pedía a sus ciudadanos que se enfrentasen a la coalición militar más grande del mundo. El 24 de marzo de 1999, F-18 españoles empezaron a bombardear Belgrado. Y a Sasa todo esto no le vino mal. Según él mismo confesó, ahora tenía otra excusa con lo de ir de manifestación en manifestación para seguir sin jugar.
Álvaro Corazón Rural, Jelena Arsic y Sasa Ozmo
Jot Down


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