lunes, 7 de enero de 2013

0 R.Madrid 4-3 R.Sociedad: Cristiano, un capitán de excepción


Llegaba al primer partido del año en la Castellana un Real Madrid con insuficiente e inesperada trayectoria en el campeonato, los cimientos de Mourinho supuestamente debilitados y con la presión mediática y social sobre él, aún más, tras atreverse a sentar al yerno de España. Cosa que se pregonaba no atrevería a repetir pero, a su vez, se filtraba una nueva suplencia de Iker. Ciertamente, lo que debía preocupar al madridismo era la ausencia de sus dos centrales titulares, posiblemente la pareja defensiva más influyente de Europa. Y la llegada de una Real Sociedad con la mejor racha de la temporada.

Mourinho configuró una línea defensiva solvente pero poco imponente. Sin Pepe ni Ramos, y con Arbeloa en la izquierda, el Madrid no contaría con salida de balón desde esa zona, si bien hay que decir que Essien situado en la derecha ofrecería una alternativa en fase atacante, pero nunca como iniciativa. Los centrales Varane y Carvalho darían muchas pistas a Montanier de como tendría que hacerles daño, hacer que Ifrán ofreciera mucha más movilidad de la que suele tener siempre cerca del área.

El resto fue todo esperado, incluso la suplencia de Di María en detrimento de Callejón. El argentino debe volver a ser indiscutible y controlar ese frenetismo pausado tan característico suyo, siempre junto, nunca separado.

Se me olvidaba, Adán fue titular.

El equipo guipuzcoano se presentaba en el Bernabéu con dos bajas importantes también, principalmente la de Illarramendi, fundamental en el esquema de Montanier. Baja que supliría Zurutuza en una posición inadecuada pero no desconocida para él. Esta decisión restaría imaginación a Zuru, obligándole a contener más y exigiría mucho más a Rubén Pardo en la creación. Prueba de nivel para el talentoso canterano. Xabi Prieto es que el más debía involucrarse en el juego con sus apoyos, tanto en la base como a Griezmann y Vela por dentro. Un Carlos Vela potencialmente escorado a banda con el fin de incomodar a Arbeloa, y más sin tener las grandes ayudas de Ramos al lateral.

El partido rápidamente ya se presumía agitado, que no divertido, con el gol de Benzema. A los pocos minutos Adán tumbó a Vela en el área, previo quiebro del mejicano a un defensa, y el portero fue expulsado al provocar penalti. Quien se lo iba a decir a Casillas, a Mourinho y a cualquier aficionado madridista y al fútbol que el mostoleño tendría que acabar saliendo en una situación así y casi al inicio. De guión de cine vaya.

Callejón fue el sacrificado tras la situación y Xabi Prieto, que haría un hat-trick, anotó.

Era el momento para Rubén Pardo, con un Madrid desubicado, la Real en superioridad y él comandando la toma de decisiones. Nunca afrontó esa misión en solitario y nunca ante un gran rival y con ese contexto. No es que a Pardo le pudiese la presión, de hecho tuvo buenas intervenciones de desequilibrio y el Madrid estuvo desorientado un cuarto de hora, pero cabía esperar más de él. Aún con eso, del todo justificable.
La Real dominó el juego durante veinte minutos pero sus intervenciones eran alocadas, como queriendo dar una estocada demasiado rápido. Prieto se volcó demasiado en ataque y Zurutuza descuidó el pivote. Demasiados espacios alrededor de Pardo que los vascos lo pagaron caro. Özil comenzó a buscar las espaldas y Khedira dio dos pasos hacia delante, esto sumado a que un sorprendente Carvalho repelía con éxito muchos de los ataques realistas, dieron empuje al Madrid que comenzaba a plantarse más cerca de la portería de Bravo. Así llegó el 2-1 de Khedira, cosa que no implicaba una mejoría en el juego de los blancos. Fue poco certero y costoso de entender.

De la Real Sociedad, aún con sus errores, se puede decir que fue valiente y que no le perdió la cara al encuentro. Philippe Montanier decidió plantar una defensa adelantada y con vistas a seguir haciendo daño independientemente del segundo gol blanco. Llegó el empate del equipo txuri urdín antes del descanso, Prieto volvía a marcar en un balón que quedaba suelto dentro del área.

La segunda parte era el momento de Cristiano Ronaldo, el portugués que llevaba el brazalete de capitán desde el comienzo, ejerció como tal y consiguió contagiar al equipo con sus internadas, regates y disparos, no siempre fructíferos. Cristiano hizo diez tiros a puerta.

Xabi Alonso se sintió cómodo con el equipo más suelto ya que la Real no generaba demasiados problemas en su zona. Las exigencias venían más desde las bandas, Essien mejoró en su defensa y contribuyó más en transiciones ofensivas subiendo jugada tras jugada. Saltó al campo Chory Castro por Ifrán, primando las ayudas por dentro viendo que, además, Carvalho estaba demostrando un nivel superior al esperado y el uruguayo no le dejó en evidencia.

En este punto es donde emulsionó CR7, anotó el 3-2 tras un gran pase de Benzema y dos minutos después terminó de levantar al Bernabéu con un gol de falta que si bien es cierto, Claudio Bravo lo hizo más fácil. Teníamos al Cristiano figura y referente, al Cristiano decisivo y al Cristiano, en esta ocasión, capitán.
Los ataques del luso comenzaban más a venir desde el centro y Benzema ocasionando problemas a Estrada por la banda.

 Zurutuza no dio para más y Elustondo salió en su lugar buscando evitar un posible lanzamiento del Madrid. Volvía Gonzalo Higuaín al césped del Bernabéu tras dos meses de ausencia. El Pipa tuvo una buena ocasión en sus primeros minutos.

El encuentro se mostraba aún así sin control por parte del Madrid y con la Real sin perder el equilibrio, el equipo seguía buscando generar siempre buscando el vector Pardo-Prieto-Vela. Tras una buena jugada colectiva llega el 4-3 que desconcertaba al estadio y generaba dudas en el equipo blanco. Una vía de escape encontró el Madrid en la expulsión por doble amarilla de Estrada y lo que sería más libertad para Cristiano en tres cuartos de campo. Los de Mourinho terminaron de tener superioridad con la salida al campo de Modric. El partido se templó pero con un extraño sabor, el equipo sigue generando dudas en cuanto al juego, y con Cristiano como Rey Mago. 

Alberto Fernández

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