jueves, 3 de enero de 2013

0 Cartas de César González-Ruano a Emilio Romero (y V)




Querido y admirado Emilio:

Yo no sé cómo agradecerte tanta generosidad, tanta bondad, tanta lección de elegancia…

A tus múltiples atenciones se une la del número de ayer con motivo del premio “Juan Palomo”. Pero la que más suma en mi débito contigo es lo que haces por mi hijo César. Si el día de mañana, este chico es algo, te lo deberá a ti íntegramente. Tenía tal afán por Pueblo y sólo por Pueblo que si tu no lo acoges, es bien probable que hubiera tirado por otro lado. Por otro lado que no fuera el periodismo. Ya ves lo que has hecho. Debe ser –yo no tuve muchas ocasiones- una ancha alegría la de dar oportunidad a un maletilla de las Letras y, si luego es buen torero, una satisfacción única. Eso es parir, que es lo único hermoso que Dios ha regateado al hombre.

A mí la vida me ha reservado una rara felicidad: que me importen más las cosas de mi hijo que las propias. Quisiera poder estar orgulloso de él, pero, de momento, estoy orgulloso de ti.

Creo que por encima de efímeras diferencias, ni provocadas por ti ni por mí, sino por habernos dejado enredar, siempre tuvimos una mutua estimación, la mía fundada en mayores razones.

Lo que tú estas haciendo por nosotros no lo podré olvidar nunca. Admiro tu tarea y te quiero mucho. Que Dios te pague todo lo que yo no tendré ocasión de pagar.

Un fuerte y agradecido abrazo de tu devoto. César González-Ruano.”

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