viernes, 5 de abril de 2013

0 Detroit: así se hundió el Titanic del capitalismo estadounidense (XI)


El pizpireto barrio burgués de Brush Park es hoy un tributo al fracaso de toda una ciudad.
El pizpireto barrio burgués de Brush Park como muestra del fracaso de toda una ciudad.
El pizpireto barrio burgués de Brush Park es hoy un tributo al fracaso de toda una ciudad.
Mansiones abandonadas en Brush Park.
Particularmente pintoresco es lo sucedido en el barrio de Brush Park. En tiempos mejores, orgullososmichiganders de clase media-alta edificaron viviendas elegantes y mansiones siguiendo las más vistosas tendencias constructoras de la burguesía del viejo continente: arquitectura renacentista francesa, italianizante, victoriana, Beaux Arts, Art Decó, Segundo Imperio, Tudor, gótico veneciano, románico richardsoniano… todo en un mismo barrio, como en una gran caja de bombones. Pero de las 300 mansiones originales de Brush Park únicamente quedan unas 70 en pie; no pocas de ellas parecen ahora salidas de la película Psicosis: ventanas que nos contemplan con mirada hueca o veladas por una ceguera de contrachapado, fachadas a medio caer que se van derritiendo por la flacidez del abandono, desvanes abiertos a la intemperie, jardines secos o en el mejor de los casos rebosantes de enredaderas que devoran con avariciosa lujuria los edificios (como una casa de Walden Street cuya fachada está completamente cubierta por las hojas, creando un singular espectáculo en mitad de la urbe). De las mansiones que todavía quedan, muchas están en mal estado, pero varias se encuentran en proceso de intento de rescate, porque ese barrio es uno de los principales patrimonios artísticos y arquitectónicos de la ciudad, uno de los barrios en los que merece la pena invertir un esfuerzo.
Piscina pública en Brush Park. Profundidad: "8 feet"
Piscina pública en Brush Park. Profundidad: “8 feet”
También en Brush Park hallamos otras metáforas de ladrillo que nos hablan de un pasado mejor, como la antigua piscina pública, hoy un mero cajón de cemento sin agua que lo llene, todavía dividido en “calles” como la pista de aterrizaje donde se estrellaron los sueños de prosperidad de la ciudad. Es una cripta rectangular erigida con bloques de un anodino gris, su techo oxidado aparece encrespado de cables y focos que cuelgan: todo metal aprovechable e incluso las propias lámparas han sido retiradas. Como en una broma macabra, el mosaico del borde de la piscina todavía indica su profundidad: “8 feet”, aunque ahora ya no hay agua que impida comprobar de un vistazo la distancia al fondo.
E.J.Rodríguez / Jot Down

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