domingo, 28 de abril de 2013

0 Atlético de Madrid 1-2 Real Madrid: Lo imprevisible del Atlético, lo previsible del derbi


Lo habitual, lo común, lo frecuente es que en cada noche de derby madrileño no existan sorpresas. Ya lo usual, lo tradicional es que en cada Atlético de Madrid – Real Madrid el Atleti ya no sea el Atleti.

Me imagino a Marty McFly en el año 1999 pidiéndole permiso al Doctor Emmett Brown para coger el DeLorean. Sin mayor intención que darse un paseo a ver que tal va el mundo por, por ejemplo, el año 2013. Marty, para no perder ya la costumbre, entraría en una librería y buscaría un almanaque deportivo. 

Seguramente en un top 10 de estadísticas o records que le pudiesen asombrar o llamar la atención al bueno de Marty estaría el dato referente al suceso con el que empezamos estas líneas. En todos esos años en los que McFly viajó por el tiempo, el Atlético de Madrid no había logrado vencer ni una sola vez a su eterno rival capitalino.

A su vuelta Marty no quiso hacer sangre, desestimó hacer caso a un almanaque que quemó con una cerilla en un cubo. Desde entonces solo creyó en ese equipo, parece que los McFly eran atletistas.

Quizá lo de anoche moralmente es aún más duro para el aficionado colchonero, el Real Madrid llegaba al duelo con casi toda su mente en el partido importantísimo de Champions League que le atañe. Mientras que los de El Cholo tuvieron toda la semana para preparar el choque, Mourinho tenía mermados a sus titulares y, de usarlos, perdería un poco más porcentaje de cara a lograr el pase el martes. Planteó una alineación con Albiol y Carvalho en el centro de la zaga y Essien y Nacho en los laterales.

Como en otras ocasiones, Pepe entró al mediocentro junto a Khedira, y arriba el portugués alineó a Di María, Kaka´ y Morata por detrás de Karim BenzemaÁlvaro Morata regresaba a banda izquierda donde no está teniendo mal rendimiento.

Simeone con sus hombres en el once inicial buscaba algo más dominio sobre el Madrid que el que finalmente mostró, un juego no tan directo, quiso someter más al Real.

El hecho de juntar a Gabi, Mario, Koke y Raúl García, quizá este último con mayor libertad, dejaba clara la intención. El navarro tuvo un partido de suspenso, no es fácil coger un roll como el de Arda Turán pero Raúl con el contexto tan beneficioso que le había dejado Simeone ni siquiera tuvo amago de aprovecharlo. Poco daño hizo sobre Khedira y apenas generó ventajas para Costa y Falcao, que era de lo que se trataba.

Se podría decir que el Atlético empezaba como nunca y acababa como siempre, pero resulta que esos comienzos de partido también eran familiares. Tuvieron un inicio con motivación aparente y suficiente como para noquear al Madrid desde pronto. Balón de falta colgado al área, despiste en la marca de los centrales, Godín asiste a Radamel y para dentro. En vista de los veintidós jugadores que había sobre el campo se intuía que esta vez no daba para ganar, al menos, a los rojiblancos.

Pero no podía ser verdad, al Madrid con poquito le bastó para empatar, y con poquito más para ganar. Tan poquito como un balón inocente sacado en falta de Di María y una ayudita de Juanfran. El pasotismo con el que el Madrid se había vuelto a meter en el partido fue tan cruel como el mismo. A partir de entonces los blancos fueron correctos en casi todas sus decisiones defensivas, volvió a estabilizarse en su línea competitiva. Simplemente debían continuar así, sin cometer excesivos riesgos y que el Atleti solo fuera quien perdiese el partido poco a poco.

La historia futbolística no fue más allá, los centrales hicieron un buen papel para lo exigido, más Albiol que Ricardo. Nacho cuajó una mejor intervención que contra el Betis, su banda no fue tan maltratada. Pepe sigue mostrando carencias en su tono físico. Kaka´ y Khedira asomaron su intención en ocasiones de tomar el mando del equipo, como líderes. Morata estuvo muy presente en el juego e hizo un trabajo considerablemente bueno en labores defensivas. No era el día de Juanfran, el gol en propia puerta, apenas incidió sobre Nacho y con Morata tampoco se puede decir que cumpliera.

Benzema estaba por allí para ayudar en lo que pudiera y de vez en cuando si tocaba, pues desequilibrar. Y Di María. De esos jugadores que tienen tantísimo pero a los que les falta mucha eficiencia. Ayer se estaba poniendo a punto, con dos chispazos decidió el partido. Y es que no le hizo falta más al Madrid. Tan sencillo y duro como suena.

Simeone ante la nulidad en ataque tuvo que cambiar su esquema un par de veces.

Raúl García tuvo un cambio bastante tardío, Mario Suárez no encontraba su quehacer en el partido y Gabi no podía hacer otra cosa que tratar de ordenar algo que desordenaba cada dos o tres transiciones. Koke tuvo un par de acciones desequilibrantes de gran calidad, pero ayer no era el día para que acabasen de hilarlas y tampoco produjo mucho más.

El Cholo durante tres minutos optó por un equipo con un juego más directo, Costa y Adrián a las bandas, Koke con gran libertad de llegada en la mediapunta y Falcao de estilete. Pero tres minutos. Salió el Cebolla y volvió a juntar una línea de tres por detrás de dos delanteros, Falcao y, otra vez, Diego Costa.
Quizá ese sistema de juego más directo hubiera herido más las bandas de Essien y Nacho, sobretodo para ver hasta donde podía llegar Filipe Luis.

El fin del asunto fue muy parecido al de siempre. La posible falta de fe en si mismos una vez llegada la hora de partido y la aparente confusión de Diego Pablo Simeone en cuadrar sus piezas para el arreón final fueron circunstancias decisivas para que los rojiblancos no finalizaran algo que, como de costumbre, bien empieza y mal acaba.

Pero si hay algo que tiene este Atlético de Madrid, es su impredecibilidad. Lo mismo se tira más de una década sin poder ganarte, que te gana una final de Copa del Rey en tu casa.

El sometimiento blanco dura ya catorce años y subiendo.

Alberto Fernández

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