sábado, 30 de marzo de 2013

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Formidable noticia para los barcelonistas. Mourinho se va. No importan los resultados de las competiciones en las que el Real Madrid puede conquistar algún título, la Copa de Europa y la Copa del Rey. El portugués ya se ha ido anímicamente. Ha podido cometer errores y caer en innecesarias inoportunidades, pero ha sido el mejor entrenador del Real Madrid de los últimos decenios. El piperismo y la agresividad de la prensa deportiva madrileña, manejada por el «Comando Valdano» han terminado con su paciencia. Para colmo, la buena sintonía que tenía con el Presidente Florentino Pérez ha desaparecido. El único entrenador capaz de detener el juego majestuoso y superior del Barcelona se marcha del Real Madrid por un principio de falta de coraje. Mourinho ha sido leal, y han vencido los desleales, mitos de barro con muy pocos años por delante, que encajan a la perfección en el amor apasionado de los piperos.
Dos capitanes absurdos. El primero, un buen portero sobrevalorado que traslada los ambientes del vestuario a su novia, que es periodista. El segundo, un defensa con unas facultades físicas portentosas y un ámbito intelectual jibarizado, elemental y reducido. Se quejaba el defensa de las sinceras palabras de Mourinho después de eliminar al Manchester United.
«Hoy ha quedado eliminado el equipo que mejor ha jugado». Le sobraba razón. Un entrenador no está obligado a mentir y decir que sus jugadores siempre son los mejores. El que se quejaba facilitó el gol del Manchester en el Bernabéu con un fallo en el marcaje. El que se quejaba remató a gol prodigiosamente en Old Trafford, pero se equivocó de portería. Lo hizo a favor del United. Y el que se quejaba cometió un penalti de libro a falta de veinticinco minutos que no fue señalado gracias a la especial simpatía que nos demostró -–al fin un árbitro europeo no se ensaña con el Real Madrid–, el amigo turco. Hasta la fecha, el que se quejaba ha sido el jugador más veces expulsado de la Historia del Real Madrid, y lo que le queda, casi siempre por juego violento o nadería mental. Pero tanto el portero como el defensa que se quejan de poco cariño son habituales en comidas, cenas, y toda suerte de guateques convocados por los poderosos periodistas adversarios de Mourinho, que uno se pregunta si ese tipo de íntimas relaciones no determinan un principio de corrupción en unos como en otros.
No le pido al Presidente del Real Madrid reflexión y cautela para decidir el futuro de Mourinho porque la decisión está tomada. La influencia de los capitanes ha sido decisiva. Mejor escrito, de los dos capitanes y la novia del primero. Su despedida está escrita y pactada. Eso, «el señorío» del Real Madrid por encima de todo, cuando el señorío consiste en ganar más veces que los demás en estas cosas del deporte. Por otra parte, Mourinho no ha herido para nada el supuesto «señorío» del Real Madrid, porque jamás ha metido a la institución en sus demostradas imprudencias habladas. Curioso «señorío» pipero que homenajea –y siento por su persona una enorme simpatía por lo mucho que me hizo disfrutar y su innegable madridismo– a un futbolista que estuvo a punto de descabezar a un adversario que estaba en el suelo. El problema del Real Madrid es que la prensa quiere manejarlo. Busca y encuentra a sus títeres y peones. Digo yo que si tanto deseo tienen algunos periodistas en mandar en el Real Madrid, en el caso de que sean socios, se presenten a las próximas elecciones, siempre que consigan los avales, que no los van a conseguir.
El entrenador del Real Madrid, tiene que ser una roca. Un vestuario plagado de estrellas, estrellitas, lucerillos y Callejón, no se puede llevar con amabilidad ni exceso de confianza. Pellegrini era un gran entrenador, pero carecía de la personalidad suficiente para atar corto a tanto semental galopero. Si yo fuera, que no lo soy, el Presidente del Real Madrid aceptaría las muy buenas ofertas que hay sobre la mesa para contratar a los dos capitanes y con ese dinero completaría el equipo, que lo necesita. Fuera los chismes de vestuario y Mourinho al frente, con un futuro como el de Sir Alex Ferguson en el Manchester. Pero no. Los capitanes se quedan, Mourinho se va y llegará, probablemente, un buen entrenador. El del Borussia de Dortmund. Lo mejor dentro de lo peor que va a suceder o ya ha sucedido en el Real Madrid. Enhorabuena a los barcelonistas.
Alfonso Ussía / La Razón

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