viernes, 22 de febrero de 2013

0 Sasa Curcic: el Dennis Rodman serbio (V)


Curcic llegó a Serbia en coche desde Budapest. Le recogió un amigo. Al cruzar la frontera, besó la tierra. Luego se encontró con los políticos: “Cuando llegué al ministerio vi a un africano y me dijeron que era el embajador de Nigeria, entré y empecé a hablar con el ministro sobre fútbol. Me puse a hacer imitaciones de cómo salí en la CNN gritando ¡paren el bombardeo! y Jovanovic se partía de risa. Estuvimos un buen rato y después me di cuenta de que el embajador había tenido que esperar una hora a que yo acabase mi charla con el ministro”.
En casa volvió a sentirse feliz. “Salí de ese mundo de ricos”, explicó, terminó rompiendo su contrato con el Crystal Palace y criticó a Venables: “No puedes traer a catorce jugadores nuevos y pretender que un equipo funcione, no tengo nada en contra de Terry como persona, pero él no entrenaba nada, se lo dejaba todo a su asistente”.
No obstante, cuando más a gusto estaba en Belgrado, rechazando ofertas incluso, llegó una llamada desde Estados Unidos que no pudo rechazar. El Metro Stars de Nueva York solicitaba sus servicios. Sería interesante conocer al directivo de ese equipo que pensó que Sasa podía dar algún tipo de rendimiento a esas alturas solo para ver si también se gastó la fortuna familiar en adosados en Valencia hace cinco años. La oferta era de 10.000 dólares semanales. En Nueva York, Sasa recuerda que pasó los mejores años de su vida
sasa rodmanSin lugar a dudas, es la mejor ciudad del mundo”, comenta. “Es la ciudad del pecado, siempre puedes pasártelo bien”. En cuanto la vio, escupió sobre su vida en Londres, que es una expresión serbia para enfatizar que una cosa es mejor que otra. “Me aceptaron con los brazos abiertos, pronto conocí la ciudad como mi bolsillo, me sentía como en casa, aunque al fútbol no va casi nadie, cinco mil por partido como mucho, intentan cambiar este deporte trayendo talentos europeos, pero nada. Después de mí, el que vino fue Lothar Mattäus”.
Su entrenador fue uno de los más famosos especialistas en retos exóticos,Boran Milutinovic, ex seleccionador de Costa Rica, Estados Unidos, Nigeria, China, Honduras, Jamaica o Irak. Eran dos serbios en el país que acababa de dirigir y patrocinar los bombardeos sobre Yugoslavia. Antes de cada partido, afición y jugadores cantaban el himno de las barras y estrellas y a ellos no les quedaba otra que encerrarse en el vestuario para no verlo. Saltaban al campo los dos juntos cuando había terminado la parafernalia patriótica.
Curcic, nada más llegar, fue bautizado por el New York Times como el Dennis Rodman del fútbol. Empezó a frecuentar el restaurante Cipriani, donde acudía el famoseo. “Ni importa en qué seas famoso, lo importante es que lo seas”, apreció el serbio. “En poco tiempo entré en los círculos de las celebrities, si eres popular en Estados Unidos todas las puertas se te abren”. Pronto se hizo amigo del extravagante sujeto que le había prestado el mote, Rodman: “Ese sí que era un fiestero, siempre estaba con chicas guapas, se gastaba un montón de dinero cada vez que salía”.
El futbolista no tardó en entrar en su característica dinámica de estajanovismo de la noche. En una ocasión, fue a una fiesta de un jeque árabe, la mejor en la que había estado en su vida, y cuando acabó, todos los invitados iban a otro edificio a recibir un masaje y comer frutitas para la resaca. Al salir a la calle, Sasa se dijo: “Este ha sido tu top, esto es lo más alto que vas a estar en toda tu vida”.
Su piso estaba en Nueva Jersey. Tenía 300 metros cuadrados, dos plantas, seguridad, piscina y tanta privacidad que no sabía ni quien vivía al lado, pero terminó enterándose. Después de llegar de una noche, continuó la fiesta en su casa, puso el Turbo Folk a tope y la vecina llamó a su puerta para quejarse. “Vi a una negra con un montón de oro y unas gafas de Versace”. Era la madre de Puff Daddy.
Sasa-CurcicPara pedirle perdón, les regaló a ella y a su hijo unas entradas para el fútbol. Quiso la casualidad que el rapero y su madre coincidieran en el palco VIP con los actores de Los Soprano, una serie curiosa y distinta que estaba empezando a emitirse ese año. Puff Daddy se lo pasó tan bien que le devolvió el favor invitándole luego a cientos de fiestas de las suyas. Más leña al fuego.
En la liga estadounidense, la MLS, cada desplazamiento es una aventura. San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas. Por supuesto, Curcic siempre huía del hotel y se iba de jarana. Una noche, en Miami, terminó en casa de Hugh Hefner, “no puedo decir mucho de él porque no hablamos, pero ahí estaba, rodeado de chicas guapas”. Su entrenador, Milutinovic, le permitía todo. De hecho hasta le cubría en ocasiones, pero un día fue demasiado lejos: “Fuimos a Los Ángeles, me escapé y salí por ahí con Dennis Rodman. Terminamos en Las Vegas. Allí un tío empezó a vacilarme, preguntándome que por qué era yo famoso, no quería darle la mano y le golpee. Hubo una pelea multitudinaria, con Rodman por ahí por medio, me detuvieron. Estuve cuatro días detenido. En la cárcel americana, por cierto, no se estaba mal. Me vinieron bien esos días, descansé un poco de tanta fiesta, pero llegué tarde al partido con los Galaxy”. Cuando en el Metro Stars recibieron la llamada de la Policía alucinaron. Luego Rodman le dio una tarjeta por si volvía a pasarle algo parecido: “Era una tarjeta de oro, con ella los agentes te trataban de un modo muy diferente, cuando se la enseñé a la Policía me decían ¡hombre, un saludo para Rodman!”.
Salió del equipo ese mismo año. Prolongó la agonía de su carrera como deportista en Escocia, en el Motherwell. Duró tres meses. Él mismo les dijo que ni le pagaran. En casa, en Belgrado, peloteó un poco más en el Obilic y definitivamente colgó las botas. Tampoco tenía ya ganas de marcha y empezó a sentirse depresivo.
Se mudó con sus padres cerca de Padinska Sekela, un pueblo al lado de Belgrado, donde está la cárcel. No tenía un duro y gastaba su tiempo yendo a pescar al río Tamis con su padre. Tuvo tiempo de pensar. “Olvídate de Londres, de Nueva York, allí solo te quieren cuando tienes dinero, esto es vida, el bosque, el agua, pescar”. Se compró una roulotte y se fue a vivir al lado del río. Sobrevivía con 500 euros al mes. “No tenía móvil y no importaba, yo no llamaba a nadie y nadie quería llamarme a mí”. Nadie sabía ni dónde estaba ni qué le había podido pasar. Él pensaba “si me vieran mis amigos de Nueva York y Londres aquí, no creo que entendieran en Cipriani eso de pescar y cocinar tu propia comida”.
En otro pueblo, Arandjelovac, conoció a Vesna Zmijanac, una estrella del Turbo Folk que también había decidido dejarlo todo e irse a campo, a ser libre. Pero llegó el invierno, que en Serbia puede presentarse con -20º tranquilamente, y lo de vivir en el bosque dejó de ser tan bucólico. Entre otras cosas, porque el río estaba congelado y ya no podía pescar. La depresión, en ese momento, le pegó fuerte.
Se mudó a casa de su hermana. No se lavó ni duchó en un mes, reconoce. No quería hacer nada: “Todo me parecía duro, no encontraba nada que me alegrase, me pasaba las noches despierto viendo la televisión, por el día esperaba a que mi hermana llevase a los niños al colegio para irme del sofá a su cama”.
Álvaro Corazón Rural, Jelena Arsic y Sasa Ozmo
Jot Down

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