domingo, 24 de febrero de 2013

0 A Urdangarín no se le levanta


La ristra de chorizos de celofán que cruza de balcón a balcón anuncia verbena. Ya que no hay pan, que al menos haya circo. Se ha instalado en los aledaños de los juzgados de Palma. A primera hora de la mañana, ganan los domadores: 150 policías con perros, sin ellos, de los que revisan alcantarillas y de los preparados para disolver al pueblo si la falta de hogaza eleva demasiado los ánimos.
Las fieras se arremolinan y van calentando las gargantas con rimas republicanas, independentistas, socialistas y feministas. El orden de las protestas no altera el producto. Ni las mitiga el aguanieve. La camada adolescente, a voz en grito, luce merchandising de bandera tricolor y amplifica las proclamas con un megáfono curtido.
Aquí la entonación corre a cargo del lector: "Esto nos pasa por un gobierno facha; Nos estamos todos, falta Cristina; Urdangarin, a trabajar a Burguer King". Hay estopa para todo el que gaste o emparente con sangre azul.
A los cachorros se unen indignados profesionales. Una mujer viste disfraz de presidiario al que se le notan sobre la tela las huellas de una protesta anterior contra los recortes en Sanidad. Al poco, está chupando cámara. Le da color a la formalidad de un juicio que, ironías del calendario judicial, devuelve a Tejero. En la calle, el golpe de Estado a la monarquía lo ha dado un ex jugador de balonmano. El payaso titular de la jornada. Habla el pueblo: el yerno de España, a los leones.
Por tener, el circo tiene hasta una carpa para que las cámaras no se mojen y todo llegue fetén a las pantallas de casa. Las parabólicas de las unidades móviles se baten en número y presencia con los furgones policiales. Se enfundan las pistolas y se desenfundan las alcachofas. ¿Cómo están ustedes?
Los jubilados de periódico bajo el brazo se topan accidentalmente con la protesta. Se quedan. Pero no todos pasaban por allí. Muchos llegan por agenda.
"Es un sinvergüenza. Lo tenía todo casándose con la Infanta. Le dábamos de comer y mira cómo lo paga", espeta una señora cabreada en niveles de sofoco. Lo dice mientras sostiene un palillo chino atravesado por dos choricillos. Una manualidad sencilla pero conceptual. Igual el guiño oriental hasta tenga que ver con la red de Gao Ping. Coherencia temática. Pero su protagonismo no llega ni a warholiano.
Las teles hacen ya cola para entrevistar a otra comadre de cabreo. Le ha ganado en laboriosidad y acabado formal. Sobre la cartulina,un elefante con los colores republicanos. La cacería de Botswana entra en el juego y le añade una corona de princesa carnaval y dos raciones de embutido. Ha abarcado más. Y tiene, aunque sea ímplicitamente, a Corinna, personaje con potencial que se resiste al pancarteo.
Nadie disfruta de los chorizos en guirnalda porque cuelgan de una calle cortada por seguridad. Los espectadores del circo son en sí mismos el espectáculo: el de la estrella del día les queda a varios polis de distancia y una acreditación de periodista mediante. En la cuesta que bajará Urdangarin para reencontrarse con el juez Castro, el ambiente es tan frío como la mañana.

La 'decadencia' de la Casa Real

Las cámaras buscan el testimonio de una compañera francesa que ha venido, como explica pacientemente a todas las televisiones, no a cubrir la crónica judicial sino a contarle a los galos la caída en desgracia de la Familia Real española.
Abandonan a la periodista en cuanto de un taxi baja Mario Pascual, abogado del marido de la Infanta Cristina. Un reportero de vísceras y revolcones le vocifera un par de preguntas, lo tutea y se dirige al letrado como quien intentara acceder a un miembro de Gandia Shore en un bolo de discoteca abarrotado.
Pascual sonríe, afirma o niega con la cabeza, pero no dice palabra. Espera a su cliente, que, junto a Carlos García Revenga –secretario de las Infantas-, ha llegado en un vuelo de Iberia procedente de Madrid. Los indignados desgañitándose en la otra parte de la calle cortada anuncian al acusado. La ristra de insultos es más larga que la de chorizos.

El desgaste físico del duque de Palma

Urdangarin baja del coche y, lejos de ser un duque em-Palma-do, acusa falta de vigor. No se le levanta la cabeza ni la moral. Abrigo largo, pañuelo corbatero, ojos de Rosario Nadal, pómulos cincelados en penitencia nerviosa y, ahora sí, una mirada al cielo que lo mismo sirve para regresar al estado de misa en Baqueira que para ignorar a los periodistas que le aguardan. El penacho de canas sobre la frente lucha en solitario por mantenerle el estatus de padre de familia respetable. El via crucis se consume en segundos. Sin mediar palabra.
Los leones han ganado fuerza y, aunque no han podido vislumbrar siquiera a su presa, se crecen ya con cánticos futboleros adaptados. El pueblo pide fotografiarse con ellos. "Anabel, hija, ponte ahí y sonríe". La niña, desconcertada, aprieta los dientes junto a un joven con una máscara del rey accidentado –acabará por tirarse al suelo para escenificar la caída- mientras el padre, orgulloso, se lleva su souvenir de indignado. Al de la careta lo entrevistan pese a que el invento sólo tiene dos orificios en los ojos.Darth Vader borbónico. A la masa se le olvida que no se trata del Jefe de Estado y zarandea el cuerpo menudo del impostor. "¡Torpe, que eres un torpe, vete a cazar elefantes!".
Las banderas lucen como capas y los propietarios las ondean al estilo de cuando Ruiz Mateos se creyó Superman. Las fieras del circo se han multiplicado y los domadores han cortado dos carriles al tráfico para que la concentración se esponje sin problemas.
En un rincón, señoras que lo mismo intercambian información sobre las vecinas del barrio que se preocupan por que la labor del Juez Castro –por nombre, el título- les cueste un disgusto. "Está siendo muy valiente y nos lo van a envenenar. Yo tengo miedo de que le den una pastillita y lo quiten de enmedio". Paranoias de camorra que las tienen en un sinvivir.
Junto a ellas, otro ciudadano protesta con los compañeros de dominó por los privilegios judiciales. "Robas una gallina y te caen veinte años y a éste, nada. Este verano, en Marivent". La sombra del caso de El Lute que no cesa. Todavía en el imaginario colectivo.
Las teles no terminan con la señora del paquidermo republicano, que ya incluso canta lo de un elefante se balanceaba. Diez minutos después, lleva treinta sobre la tela de una araña.
El ambiente es tricolor y los leones rugen al unísono un aviso al heredero: "¡Felipe, acelera, que viene la tercera!". Urdangarin, flácido y en reposo, termina de declarar. El circo de la república independiente del indignado, en cambio, sigue a gritos con los pulgares mirando al suelo.
Marcos Torío / El Mundo

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