viernes, 7 de diciembre de 2012

0 Cabreos


El español cabreado es un hijo del tiempo.


    Tiempo sin dinero de bolsillo: español cabreado.


    Yo, que no hago puente constitucional, tampoco voy ya de bares, esos antros de cabreo “municipal y espeso”, que diríaRubén.


    El del bar que me daba de cenar tiene el cabreo de 30.000 (treinta mil) euros de multa municipal por 14 (catorce) personas que bebían cerveza en la puerta a la salida de los toros.


    El del bar que me daba de beber tiene el cabreo de un expediente de sanción municipal porque su televisor, medido por bragados guardias, mide cuarenta pulgadas, ocho más de las consentidas por el reglamento del Ayuntamiento de Villanueva, el vicealcalde que emocionó a Spielberg con su conciencia tranquila.


    Y yo tengo el cabreo de mil y pico euros en multas municipales destinadas, digo yo, al fondo de construcción de un viejo sueño franquista, el eje ciclista Mayor-Alcalá, presupuestado en 430.968,07 euros (¡la tasa del 07!). La obra, que durará cuatro meses (ni un día más ni un día menos), consiste en untar de pintura roja el tramo de calzada Mayor-Alcalá, de donde azarosamente surgen infinidad de pisadas rojas de “homo erectus” que algún día harán las delicias de los redactores de “Science”.


    –Los campesinos, princesa, no tienen pan.


    –Qu’ils mangent de la brioche!


    ¿Que los contribuyentes no tienen dinero? Que den pedales para soltarse el cabreo.


    Multas de Qatar en el país de los parados donde cenar es una aventura con la “performance” entre Chicote, que viene a salvar el restaurante, y los hombres de Montoro, que vienen a lo del embargo, o los de Villanueva, que vienen a lo de la multa y que son los peores, pues vienen sin tele.


    El cabreo, dijo Juvenal, hace versos.
    
Y los versos, ay, no dan dinero.

Ignacio Ruiz Quintano
ABC

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