miércoles, 5 de diciembre de 2012

0 Chicote y los cocineros imposibles




El personaje televisivo actual es Chicote. Se dice que este año dará las campanadas y ya no nos va a importar el vestido de Anne, sino la chaquetilla roja que le diseñe Agatha, en la que parecerá un Santa Claus confitado. Porque Chicote es un señor gordito que como ya pasara con Tony Soprano empieza a resultar interesante a las mujeres. Tiene la dureza televisiva de un Risto, pero sin gafas de sol, con ternura en sus ojos de hacerle el coaching a los hosteleros descarriados. Y es que en este mundo de entrepreneurs, un coaching es un must. Su programa tiene un aire a ese Ajuste de Cuentas que en los inicios de la crisis quitaba la tarjeta de crédito a los españoles.


Chicote es un salvapymes, que es lo que necesita España, y está siendo el reformismo de la hostelería española, aunque lo de menos con él sea la gastronomía. Todas sus soluciones pasan por eliminar la cocina de la carta. Cercena de raíz toda veleidad culinaria allá donde va:

-Platos simples, alimentos restallantes.

Y les pone a cocinar cocina de soltero. Que si un atún plancha, que si una ensalada de rúcula salvaje…

En los restaurantes que visita Chicote uno se puede encontrar a Lucía Echeberría, un ratón en la vajilla, la carne fermentando el pescado y el pedido como una cadena del absurdo: el comensal pide una croqueta y a través de sucesivos encargados le llega uncarpaccio, y los cocineros son siempre eres atribulados, como presos en las mazmorras de sus cocinas infectas. Un mexicano novelista, un marroquí iracundo, una rumana beata… Son seres fascinantes que no saben cocinar. Ahora, cada vez que pasamos por un restaurante nos preguntamos por el tipo de prodigio que nos estará rebozando el croquetamen y ya miramos con más desconfianza (si cabe) por la ventanuca de la cocina.

Chicote nos ha enseñado a salir del restaurante enfurecidos parando en seco ante una cámara imaginaria para decir:

-¡Este sitio es un puto desastre!

¿A quién habla Chicote? Ni se lo dice al cámara ni nos lo dice a nosotros. Hay un tercero. ¿Un apuntador? ¿El tan temido inspector de sanidad?

Hughes
La Gaceta

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