domingo, 11 de noviembre de 2012

0 Ni sueca ni periodista, ¡española!


Artur Mas fue a Bruselas y se encontró con unos oyentes que tenían, ¡Dios los confunda!, preguntas incómodas y serias objeciones. Se las plantearon cortésmente, como es costumbre en ese foro, pero ahí quedaron. Y como era natural, tratándose de la capital europea, se le hizo notar que no podía asegurar a los catalanes la pertenencia a la UE de una Cataluña independiente. Una periodista sueca dijo que sería deshonestidad intelectual dar aquello por sentado e incluirlo en la pregunta del pretendido referéndum. ¡Menudo atrevimiento! Hay que imaginar el desconcierto en el séquito del president, poco habituado a topar con periodistas que ponen reparos. En la pérfida Madrit lo dan por descontado. Ahí la hostilidad –porque hostil es todo cuanto no es conformidad–, si no existe, se la inventan. Pero de la prensa extranjera esperan comprensión, afecto y simpatía.
¿Cómo era posible que una periodista sueca interpelara a Mas de tan irreverente modo? Pronto dio la prensa afecta con la clave. En gran exclusiva, La Vanguardia reveló que Teresa Küchler es hija de una española. La atrevida corresponsal del Svenska Dagbladet, diario que circula desde 1884, lleva sangre española en sus venas y esto, naturalmente, lo explicaba todo. Basta colocar el dato junto a sus palabras. Ipso facto, el nacionalista la descalifica, la despoja de credibilidad e invalida sus argumentos. También siente alivio. Las piezas vuelven a encajar. Porque la periodista impertinente ya no es sueca, ni tampoco periodista. Es española, y por ello le pone inconvenientes y escollos a la independencia. Igual que los de Madrit, le tiene ojeriza a Cataluña. Problema resuelto.
El nacionalismo, a fin de cuentas, es sangre y suelo, Blut und Boden. El lingüista Jesús Royo Arpón, catedrático de Lengua Catalana, ha contado cómo en una ocasión elogió a Francesc de Carreras y recibió de su interlocutor este comentario: "Claro, el caso de Francesc hay que comprenderlo, porque su ambiente familiar no es muy favorable a Cataluña". Se refería a que Carreras está casado con una riojana. Es la xenofobia latente que aflora. Una esposa gallega, un padre extremeño, un cuñado de Madrid, son motivo suficiente para desacreditar al que no comulga con la opinión obligatoria. La periodista Küchler hizo lo que es propio del periodismo. Pero el nacionalismo catalán no está habituado a lidiar con el periodismo. Así que la anuló como periodista y la transformó en española. Los españoles, ya se sabe.
Cristina Losada / Libertad Digital

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