lunes, 16 de mayo de 2016

0 Lingüismo final

Le pasó al final de la Liga como a las decisiones 2.0 de la democracia: que era sabido el fin.

No le quitaba del morbo, claro. Imagínense un error informático, una ausencia de Luis Suárez  o qué se yo ¡un eclipse de sol y luna a la vez!

Acabó todo como empezaba lo que corroboraba que el 'pacto de los botellines' no era el único pacto de los días atrás toda vez que el Granada venció en Sevilla. "Todo el mundo se ocupa de los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se acuerda nadie... Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿cómo no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? ¿Cómo van a fijarse los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita viste de americana?".

Ahora los que se jugaban el descenso han deseado no llevar levita ni americana, no sea que no pasen inadvertidos. A fin de historias la permanencia no es una cuestión de ingresos sino de gritos al cielo como los muchachos levantinistas que se consagraban tras su descenso hacía tiempo, a plantar cara al Atlético de Madrid.

La Liga se marcha y lo mejor de ella es que se ha convertido en una Liga de números y palabras, el sueño de Chomsky. De aquella matemática lingüistica, de la que Carmena discrepará por razones obvias, viene a plantearse la expresión cómoda. Dentro de aquella situación cómoda, la Liga que hoy conocemos comenzó a volverse fútbol.

De eso hace dos años y el pobre Noam ni siquiera ha mirado la televisión. Carmena la habrá empeñado. Y mientras tanto, dos madrileños jugándose la orejona.


Darío Novo

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