martes, 3 de mayo de 2016

0 De hijos a padres

¿Cómo va todo por allí arriba?

Aquí hemos empezado por madrugar que es la mejor manera de vivir los sueños que, de un tiempo a esta parte, vivimos mejor despiertos.

Fíjate cómo será la locura que hasta mamá me pregunta por el Atleti y por cómo puede caer eliminado el Madrid, pero esto último te lo cuento bajito que es un secreto. Hace unos días cenando me decía que era normal que fuera del Atleti ya que no era más que una barriga cuando pisé el Calderón por vez primera.

Supongo que allí también estaréis disfrutando lo vuestro, que es lo mismo. Por estos lugares ha empezado a surgir una especie de fiebre rojiblanca a la que todo el mundo se arrima. La motivación de Simeone se estudia en las Universidades que debe ser lo único que se estudia. También hay tontos, claro. De hecho si el escáner de los aeropuertos españoles detectara tontos, el número de viajeros descendería en un 50%. O más. Dicen que no jugamos a nada; antifútbol lo llaman. Yo les miro y sonrío con una breve mueca pensando en su desencanto, su sopa fría al llegar a casa, su wasapp sin notificaciones.

Sabrás que nos acordamos mucho de ti en todos los momentos: en los éxitos -que van llegando- y cuando hay que mirar para arriba para cualquier cosa. Estos días del Atleti son especiales y también nos acordamos. Como en el gol de Simeone, el gol de Kiko, el de Pantic, el de Forlán, el de Godín, en fin, esos días.

Hace tiempo que corre por el Calderón una frase que habla del sentimiento transmitido de padres a hijos y sentía un poco el deber como hijo de darte gracias por él por ser parte contratante. Es una herencia invalorable y fuera de toda ley que nos dejasteis y que defendemos y defenderemos con uñas y dientes.

Ya sé dónde verás el partido, no hace falta que me lo digas. El tercer anfiteatro estará hoy de gala para vivir uno de los días más importantes de la historia del Atlético de Madrid. Al acabar el partido, ganemos o perdamos, miraremos al cielo y no os veremos porque físicamente no estáis aunque nunca nos faltéis en el recuerdo.

Da abrazos por allí arriba, papá, y quédate con el que será el segundo más grande. El grande de verdad prometo mandártelo desde Milán.


Darío Novo

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