lunes, 9 de mayo de 2016

0 Caso

Observaba Ussía cierta euforia entre sus amigos atléticos.

-La vida es muy dura, y en ocasiones, injusta.

Dice mi admirado Alfonso. Y así es. Es el grito de un madridista -de los grandes- a una realidad que desde el prisma colchonero empieza a vislumbrarse como veíamos aquellas películas que iban después del boxeo en el Plus cuando éramos tan jóvenes, que veíamos ese cine sin tener dinero para la cuota de la plataforma de PRISA.

El Atlético de Madrid busca definir su historia que se escribe en círculos concéntricos sin un centro claro. De ahí que Milán haya servido para señalar un total y perder los parciales por el camino. La historia ha pasado de jugarse partido a partido a jugarse final a final y así no hay manera.
A esa euforia "háganle caso, pero poco" que diría Camba.

El trabajo, en la España de los 4.791.400 parados, no es una cuestión de privilegios sino del 'no quedan más cojones'. Por ello, las llamadas a la testiculina del Cholo no son más que una inflexión dentro del fútbol que, como indicaba Orfeo Suárez en El Mundo, no hay que acabar creyéndose del todo o empezar a creerse siquiera porque puede uno acabar encerrado en una trampa mortal de esas de las películas de Saw en las que, se mueva uno como se mueva, acaba hecho trizas.

Por eso el discurso de la euforia hay que entenderlo como de lejos, como una celebración, como si los muchachos del Manzanares se hubieran subido a la plataforma en movimiento del 'Cámbiame' y les hubieran dicho que adelante, que los maqueaban, que tienen algo.

El algo es precisamente lo que guarda este Atlético de Madrid. No son, fueron ni querrán ser pose. Últimamente se gana casi siempre pero las derrotas forman parte del juego que hay que admitir sin buscar excusas del todo a cien. Hagánme caso. Decidan si mucho o poco.


Darío Novo

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