sábado, 11 de mayo de 2013

0 Sábado, 11 de mayo de 2013. El Calderón y los cinco sentidos




El Calderón y los cinco sentidos

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Evocar el sentimiento de la "Magdalena de Proust" es un habitual en nuestro sino: devolver a la mente cosas que nos pasaron por medio de los sentidos -el parisino lo relata por medio del olfato- adaptándolo a un hecho cotidiano. Ese olor, sabor o tacto que nos recuerda lo que somos y lo que fuimos, muchas veces separado por esa delgada línea que separa pasado y presente. Justo eso me pasa con el Calderón.


Acudir al estadio supone siempre un ansia de desvarío para el hincha; su casa, su gente: su secta. Es por eso que me emociona y ansía aun el pasar por debajo de ella con el coche. Un sentido, el de la vista, que me recuerda a esas excursiones del colegio cuando el Calderón vestía aun de rojiblanco al que tunearon para siempre con esos cristales cuando, enfermo de aluminosis, fue vestido para siempre.

Igual me ocurre con el olor del césped. Un olor que me recuerda, cuando entro temprano, a las veces que me senté en el córner por la mañana, cuando nos prometieron un añito en el infierno y aceptamos. Pero fueron dos. El córner de Pantic tenía ese característico olor a césped mojado que solo es posible evocar con la mejor de las fragancias o la primera de las lluvias.

El tacto quizá sea, para algo material, lo más difícil de conseguir. Pero lo mejor de las evocaciones sensoriales es haberlas vivido. Mi "magdalena táctil" me recuerda esas gradas botar y la valla del Fondo Sur, donde pasaría después muchos y grandes momentos de mi vida, temblando tras las avalanchas con cada gol del Atlético. Allí acudí invitado por mi gran amigo Javier Orozco y su padre y nuestro objetivo, aquel día del año del año anterior al doblete en el que sufrimos lo insufrible, solo era tocar la valla tras un gol. Cosa que, posterior permiso de Javier Orozco senior, conseguimos.

Y ¿que decir del oído? Un campo retumbando como retumba el Calderón. Con el gol o la nueva canción recién llegada. Aunque uno, clásico de naturaleza, sea de tendencia al himno. Como el que empezamos en un partido ante el FC Barcelona dos amigos y un servidor y al que, por esas cosas extrañas que pasan en el Calderón, la gente decidió contagiarse. Y sumarse. Y ponerse de pie. Y hacer que el Calderón vibrara otra vez.

Creo que me queda uno y espero que lo compartáis. Porque para mi el Atlético de Madrid sólo tiene un sabor al que me transporta y evade día a día, partido a partido, jugada a jugada. Y ese es el sabor de la victoria.

Darío Novo

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