viernes, 24 de mayo de 2013

0 "Retrocesora"

Militaba en el feminismo fundamentalista, y al espejo retrovisor de su coche le decía «luna retrovisora» para que fuese hembra. En su casa todo era femenino. El cuarto de baño, la «sala de la bañera», un horrible quinqué heredado de su madre, la «lámpara antigua», y su padre, cuya fotografía presidía «la sala grande» –el salón–, en un marco de plata –urna plateada–, lo llamaba «la causa de mi dicha». Es decir que era hija de su madre y de la causa de su dicha. El jabón era «la pastilla espumosa» y al portero de su casa, que respondía para toda la humanidad al nombre de Manolo, ella se dirigía con el apodo de «la cancela». –Buenos días, cancela–, y el pobre Manolo, siempre discreto, que musitaba una respuesta que más o menos podría traducirse de esta guisa: «Buenos días, hijaputa».
Para mí, que aquella insufrible mujer tiene que ser familiar del culto militante de las Juventudes Socialistas de Zamora que han criticado mediante un tuit la Lomce, la «ley Wert», que será próximamente aprobada por el Congreso a pesar del disgusto que ha generado en socialistas, comunistas, nacionalistas y Rosa Díez, que es las tres cosas a la vez. En su mensaje, el redactor ilustrado comete dos monumentales faltas de ortografía, pero su más bello resbalón es la acuñación de una nueva palabra, «retrocesora», no exenta de belleza. El tuit contra la nueva Ley de Educación –ortografía incluida–, dice así: «Por desgracia @jiwert va "ha" hacer oídos sordos a la comunidad educativa "aprovando" una ley inviable y "retrocesora". No a la LOMCE». Las Juventudes Socialistas de Zamora ya saben que, entre sus militantes, hay un burro o una mula que los representa divinamente. Confunde el verbo «haber» con una preposición y «aprueva» insultando a la letra «b» con ilimitado sadismo. Pero, insisto, el punto culminante del inteligente mensaje es la nueva voz, «retrocesora». Para mí que ha querido decir que con la ley propuesta por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, la instrucción intelectual en España va a experimentar un retroceso. Es su opinión. El autor o autora del texto es probable que sea lo segundo. El retroceso se le antoja excesivamente machista, y ha considerado oportuno vestirlo de feminidad. En verdad, sutil y hermoso como un crepúsculo anaranjado o atardecida naranja, para no caer en el insufrible machismo liberal.
Tengo para mí que esta nueva ley acierta en muchos aspectos –todo es susceptible de diálogos y acuerdos–, y prueba de ello es la reacción que ha provocado entre los simpáticos amantes del analfabetismo. También entre los nacionalistas, que no toleran lo que ellos llaman «la imposición del castellano». Ha reconocido Wert, que fuera de España resulta muy complicado explicar a sus colegas que en determinadas provincias españolas es tan difícil como espinoso que un niño español quiera estudiar en su lengua común, que por otra parte, es un idioma –el español o castellano–, que hablan más de cuatrocientos millones de personas en el mundo. Es decir, que además de ser un instrumento de cultura y comunicación, es una inversión para el futuro más que apreciable.
Soraya, la enfadada, ha anunciado que de aprobarse la Lomce, el PSOE la recurrirá ante el Tribunal Constitucional. Libre es de llevarlo a cabo. Pero le recomiendo que repasen una o dos veces el texto del recurso, porque si los veteranos socialistas escriben como sus jóvenes, a más de un magistrado, al leerlo, le puede dar un síncope. De estupor, de vergüenza o de risa.
Alfonso Ussía / La Razón

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