viernes, 28 de junio de 2013

0 La izquierda franquista

Alguien, no recuerdo quién, dijo que uno siempre se acaba pareciendo a su peor enemigo. Sin ir más lejos, le ha ocurrido a la progresía con su particular joya de la corona, el sistema educativo. Y es que, al final de su viaje pedagógico a ninguna parte, la izquierda acabó reproduciendo el modelo educativo franquista. Un giro de 360 grados que sus iguales de la derecha no muestran intención alguna de corregir. La dictadura, recuérdese, proveyó de una generosa red de universidades públicas y gratuitas a un país de semianalfabetos. Así surgió en España esa variante castiza del socialismo consistente en que los pobres carguen con la obligación de pagar a escote la formación superior de los ricos.
En coherencia con tal principio doctrinal, todo lo que no se invirtió en crear una red de instrucción pública digna de ese nombre se gastó en promover las célebres universidades autónomas y otros escaparates de relumbrón. Una pirámide invertida que, lejos de ser demolida por la izquierda en el poder, aún sigue inspirando su praxis a día de hoy. De ahí que, 38 años después del cambio de régimen, España continúe siendo aquel mismo país de semianalfabetos, pero, eso sí, dotado de un flamante campus universitario en cada capital de comarca. Repárese, para bochorno colectivo, en la letra menuda de ese informe último de la OCDE que circula por las portadas de los periódicos.
La mitad de la población adulta, el 46% del censo entre 25 y 64 años, no ha pasado de aprender las cuatro reglas en la educación primaria. Ni siquiera Grecia, solo Portugal ofrece índice tan desolador en Europa. Una vergüenza que se repite, mimética, en la secundaria. Apenas dos de cada diez españoles de esa cohorte han completado ese nivel de estudios. Dos de cada diez, no muy lejos de la media del Magreb. Sin embargo, a matrículas universitarias no nos gana nadie. Y nadie quiere decir nadie. Ni Suiza, ni Alemania, ni Italia, ni Francia, ni el Reino Unido ni… Con un 32% de titulados superiores, encabezamos la Champion-Li, que diría Zetapé. Un despropósito. El mundo al revés. Lo escribió ayer Cristina Losada con abatida lucidez: en nombre de la igualdad hemos engendrado el peor de los clasismos. Ah, la izquierda franquista y sus compañeros de viaje.      
José García Domínguez / Libertad Digital

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