sábado, 12 de noviembre de 2011

0 El trienio, Francisco Umbral (I)

Hale, ya está otra vez España vuelta abajo, por qué no decirlo claro, ya nadie espera nada, es como irónico todo lo que leemos sobre las futuras elecciones generales, es como meternos un filme mudo, de risa, en el descanso de una de gánesters, ya está otra vez España de cabeza, rota y sonante la campana de Huesca, con la cabeza de un muerto renovado cada manana, ya está el botafumeiro de Santiago volando sólo por la bóveda de la Historia, ya está otra vez Wifredo el Velloso asesinando gente por las tapias, tiene una, parabellum, Wifredo el Velloso, que maneja extramuros o intramuros, según lo apartado o céntrico que viva el infrascrito, que hay muchos infrascritos, ya, en la lista negra de las pompas fúnebres.Me parece que fue Marías quien dijo que la libertad, en España, suele durar un trienio. Y no caemos en la cuenta de que se está acabando el trienio, desde que matamos a Franco de muerte natural. Lo que en la Historia de la humanidad son los terrores del milenio, en España son los renovados y asiduos horrores del trienio, que va a dar otra vuelta la tortilla española, con sus amarillos goyescos y regoyescos, mientras matamos gente en la Corte de los Milagros, diario milagro inverso de un juez o un general muerto, como un zurcido negro en el tejido igual y resignado de la vida cotidiana.
Ya anda otra vez el Ebro cuesta arriba, ya está otra vez España ardiendo como una escoba incendiada y esgrimida, ya nadie espera nada del inventa y al fóndo pasan tropas, gentes, sombras, el trienio civil, el trienio militar, el relevo de la guardia en Palacio. cuando en Palacio no hay nadie y los niños que miraban por detrás de la verja son ya todos víctimas o verdugos, se han hecho adultos odiando, porque el odio madura al español.
Cenando la otra noche con los duques de Alba, veía yo en galerías, cuadros y tapices, esa doble Historia de España que es la que algunos cuadros cuentan y otros callan, cómo tanto fragor de caballos, tanta eterna batalla, tanta guerra (glosado todo, alígero, por la conversación del duque), se resuelve finalmente, del comedor a la chimenea, en un cuadro cubista, muy pequeño, en un picasso antiguo y breve. Y sólo ahí, por fin, en la geometría irónica de Picasso, se serenan las cosas, reposa España tanto arrastre de muertes y de infantes.
Francisco Umbral
El País,11/1/1979

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