miércoles, 7 de marzo de 2012

0 Juego sucio en los Busby Babers (V)

El veredicto final lo pronuncia el único hombre que demostró el valor de los Busby Babers, el heroico Harry Gregg. La persona que arriesgó la vida por salvar tanto a amigos como a desconocidos en el terrible accidente es la misma que afirma en su autobiografía (Harry´s game [El juego de Harry], así como en una entrevista que le hice poco después del accidente,  había en el equipo un grupo reducido de jugadores que vendía partidos a los apostadores. Gregg denuncia que a él se lo propusieron un par de jugafores del Manchester United “de los bajos fondos” que no habían sufrido el accidente. Estaban dispuestos a ganar dinero con apuestas ilegales. Gregg se lo contó al entrenador, Matt Busby, el cual, asegura, blasfemó, golpeó la mesa y gritó: “¡Lo sabía, maldita sea!”.
El Manchester United no era diferente de los demás equipos. Eso fue lo que me asombró cuando leí los documentos. Esa generación de futbolistas eran los héroes de mi padre. Me los imaginaba rodeados de un halo de gloria, y no creo ser el único. Sólo hace falta preguntar a los aficionados de hoy sobre esa época para verlos deshacerse de nostalgia. El Museo Nacional de Fútbol de Preston denomina a esta época la “Época Dorada”. Terminó la guerra. Había paz en el mundo. Los jugadores vestían pantalones cortos y holgados y se peinaban hacia atrás. La lista de los jugadores en el cuadro de honor de los inmortales del fútbol británico: Denis Compton, Tommy Finey, el joven Bobby Charlton, Stan Mortensen y el mejor de todos los tiempos, Satnley Matthews. Eran como los leones. Llevaron la luz a las tinieblas de la Inglaterra de posguerra. Sin embargo, muchos jugadores de entonces, aunque no los nombrados, se vendían.
Declan Hill
Juego Sucio. Fútbol y crimen organizado

Matt Busby: "¡Lo sabía, maldita sea!"

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