jueves, 28 de abril de 2016

0 Atlético de Madrid 1-0 Bayern: El Calderón pasa factura a Pep

El Atlético de Madrid tiene la 'mejor afición del  mundo' porque hace años se estipuló que así fuera. Quiero decir de antemano que yo soy parte de esa afición -y aflicción- pero que la afición del Atleti quiere a su equipo como una afición más. Otra cosa es el ruido y, entrado el caso, los silencios.
Los silencios en el Calderón son preocupantes de bien y de mal. Es un entorno dado al ruido, a la polémica y al ruido de fuera que es el que la afición toma como hiriente y yo creo que es dado al bien por hablar de nosotros aunque sea bien. Como ayer.
El silencio se hizo en el Calderón cuando Saúl decidió que era tiempo ya de acabar con las penas y lanzarse a las alegrías que son, pesa a pesa, valoradas por el fútbol. Los regates, los hombres por el suelo, los disparos ajustados. Hizo todo y todo tan bien, que el Atlético de Madrid se puso 1-0.  Era el minuto 11.
Hasta entonces y un rato más, el Atlético de Madrid ganó todos y cada uno de los balones pero desde entonces, se fue achicando cada vez un metro más atrás. Y pasaba el partido y los minutos y los metros. La primera parte fue bien, gracias. Costa y Coman llevaron peligro del alemán. Xabi Alonso dejaba sus envites a modo de balón aéreo demostrando la reticencia de la calidad pero en su puesto, dejando entrever, quizá amplificadas, las carencias de siempre.

Todo o nada

Guardiola decidió presentar al equipo en la segunda mitad. Una idea que guarda su lógica toda vez que el gol, marcado fuera, posicionaba a los suyos en un escalón dominante. Perdonen por el spoiler, pero no marcó.
El asedio era tal que el Atlético de Madrid se sentía cada vez más y más cómodo, como aquellos señores que tragan fuego. En el minuto 61, Giménez se lanzó al suelo tras una lucha con Lewandowski y nos demostró ser un 'viejoven'. El 'viejoven' del fútbol no es el que viste a la última pasado de edad y kilos sino aquel que ha adquirido, o en este caso heredado, las majestuosidades de Godín. Se inventó una  tangana, cortó el ritmo del Bayern, desesperó a Guardiola y consiguió una ventaja.
Ribery y Müller salieron al campo lo que nos preocupó relativamente ya que fue más de lo mismo. Ahí vimos a un Gabi como el de hace dos años y a un Augusto, en quien algunos no confiábamos del todo por aquello de demostrar lo que el resto es, pletóricos.
En una de las contras, de las el Cholo preveía más numerosas, Torres hizo un recorte dentro del área. Fue a la defensa del Bayern, a Del Bosque y a todos los desafortunados que algún día no creyeron en él. Su disparo con el exterior, mágico, que era nuestro billete a Milán, se estrelló en el poste y dejó 90 minutos que veremos por pura confianza.

Iba a cerrar sin nombrar a Oblak que paró todo lo que tuvo que parar que es todo. En realidad con Oblak pasa un poco así como con el resto: un equipo que siempre hace todo  bien incluso en sus propios errores. Las semifinales de Champions son tan crudas y jodidas como la propia vida pero si buscáis un vuelo a Milán desde Madrid os sale una escala en Múnich. Pero es algo más barato que el billete vendido ayer.

Darío Novo

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